Crónica de un desastre anunciado: México de cara a la llegada de Trump

Es cierto, Donald Trump y su “sorprendente triunfo” –considerando que era posible una lectura distinta a la luz de un panorama internacional marcado por el Brexit británico, el “no” a un acuerdo de paz con las FARC en Colombia, los llamados de xenofobia y racismo vigentes en el mundo y la realidad que enfrenta un porcentaje significativo de la población estadounidense cuyos niveles de desarrollo humano no corresponden a los que debiera ofrecer la nación más poderosa del mundo– representa una amenaza real para México.

Si las “promesas de campaña” del actual presidente electo pasan el filtro del Congreso –necesario, para levantar el anunciado muro fronterizo, renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y deportar masivamente a mexicanas y mexicanos que no tienen una situación migratoria legal– y se convierten en hechos está en riesgo la viabilidad del crecimiento económico de México; su posibilidad de avanzar en la reducción de los niveles de pobreza que mantienen en estado de marginación y exclusión a muchas mexicanas y mexicanos; su eficacia para combatir el exacerbado crimen organizado latente a lo largo y ancho del país; su estabilidad social y, evidentemente, la frágil legitimidad del gobierno encabezado por Enrique Peña Nieto que hizo posible el regreso del PRI a Los Pinos hace cuatro años –tras la breve alternancia de dos sexenios panistas.

Al profundo dolor y ruptura social que heredó la declaración fallida de guerra al narco de un torpe gobierno panista y la decepción causada por el regreso del PRI que no ha podido “poner orden en casa” como en los viejos tiempos, se suma la amenaza de un vuelco drástico en la relación bilateral con el poderoso vecino del norte de la que depende significativamente el presente y futuro de México.

A penas el mundo tuvo certeza del triunfo del magnate republicano, México comenzó a vivir las consecuencias, la noche del martes 8 de noviembre el peso alcanzó mínimos históricos, sufrió una pérdida de 13.21, al pasar de cotizarse de 18.32 a 20.74 frente al dólar americano.

Ante el riesgo evidente que la volatilidad de la moneda representa, reconociendo que “el panorama para la economía mundial se tornó más complejo (…) como consecuencia del proceso electoral llevado a cabo en Estados Unidos y su resultado”, que “las entradas de capital a las economías emergentes comenzaron a revertirse y las tasas de interés mostraron una tendencia al alza” y, principalmente, el hecho de que “la posible implementación en Estados Unidos y otros países de algunas medidas que obstaculicen el comercio exterior y la inversión extranjera, hace que el balance de riesgos para el crecimiento de la economía global se haya deteriorado”, el pasado 17 de noviembre el Banco de México anunció como una decisión de su política monetaria aumentar en 50 puntos su Tasa de Interés Interbancaria a un día para ubicarla en un nivel de 5.25 por ciento.

Con el mismo objeto, el Secretario de Hacienda de México informó que era indispensable actuar de inmediato y, en razón de ello, anunció dos medidas: el refinanciamiento del total de los vencimientos de la deuda externa para 2016-2017 y la definición del Plan de Negocios de Petróleos Mexicanos. Por su parte, el recién nombrado Embajador de México en Estados Unidos, Carlos Sada hizo un llamado a los empresarios y la sociedad civil para ser más activos en promover la importancia que México tiene para EE.UU, tras señalar que el triunfo de Trump ha cambiado la agenda bilateral.

La situación de alerta también se advierte en la agenda de diversos sectores del país, entre ellos, la cúpula empresarial mexicana abanderada por el Consejo Coordinador Empresarial que instó al gobierno de Peña a fortalecer en el corto plazo el mercado interno e informó que colaborará con éste para lanzar un plan que permitan ofrecer empleo a los mexicanos deportados.

Incluso la Arquidiócesis Mexicana, que hace más de un año criticó la indiferencia y pasividad del gobierno mexicano ante el discurso xenófobo del entonces candidato republicano, hoy acusa a través de su periódico oficial al gobierno de Peña de lanzar “mensajes improvisados” como respuesta a las políticas que en materia económica y migratoria ha realizado Trump.

No es para menos, el panorama es complejo, desde donde queramos verlo. El primero en saberlo es el presidente mexicano, cuyos niveles de aprobación tras la victoria de Trump cayeron 4 puntos y se ubican en apenas en 25% –según datos arrojados por una encuesta nacional realizada por Buendía & Laredo y publicados por el periódico El Universal–, porcentaje lejano al 66% que abiertamente rechaza su gestión, al 70% que tiene una opinión negativa del rumbo del país, al 65% que considera que la situación ha empeorado durante su sexenio y al contundente 85% que cree que los problemas del país rebasan al mandatario mexicano. De hecho, la misma encuesta señala que la tercera peor acción que ha realizado Peña fue la reunión que sostuvo con Trump en el marco de su campaña.

El impacto que el resultado de la elección estadounidense tendrá para México es impredecible, cualquier cálculo o proyección que realicemos sigue perteneciendo a un futuro incierto.

Lo que sí resultaba predecible hace muchos años era el fracaso de una política que se olvidó del campo y sus trabajadores reduciéndolos a un discurso oficial gastado, destinándoles “programas sociales” absurdos para atender la realidad abrumadora de la pobreza en las zonas rurales caracterizada por la falta de oportunidades para los jóvenes cuyo destino lógico era la migración, irse “pal otro lado”, huir de México y su indiferencia  se convirtió en el proyecto de vida de muchos mexicanos y mexicanas.

Los que se quedaron, lo saben, el narcotráfico se ha apoderado poco a poco de todo el territorio mexicano, miles de familias han sufrido y viven la terrible realidad de haber perdido a sus seres queridos que se han sumado a las cifra del número de muertos y desaparecidos que se incrementa todos los días en México.

Lo que es más grave aún es que las remesas enviadas por quienes fueron expulsados son fundamentales para la economía, según datos del Banco de México al cierre de 2015 los envíos de dinero que hacen los mexicanos que viven en el extranjero a sus familiares crecieron cerca del 5% para alcanzar la cifra de 24 mil 771 millones de dólares, superando con ello los ingresos provenientes de la venta de petróleo y sus derivados que ese año se ubicaron en 23 mil 432 millones de dólares. ¿Cómo puede explicarse desde la gestión pública esta realidad? no hay respuesta que alcance.

La amenaza no llegó con Trump, hace años que el gobierno mexicano evade la responsabilidad de asumir lo que implica la migración de millones de mexicanos a Estados Unidos. No impulsó programas para atender la crisis de las principales zonas de expulsión y mucho menos se preocupó por tener una política estratégica para permitir que el flujo de remesas se transformara en una posibilidad para activar de forma eficaz la economía, abatir los niveles de pobreza e incentivar el desarrollo. De ahí la gravedad de las amenazas de Trump ¿qué haría el gobierno mexicano frente al retorno masivo de mexicanos y la pérdida estrepitosa de dólares?

Lo mismo ocurre si pensamos en el TLCAN. Cuando México en 1992 firmó el tratado que entró en vigor dos años más tarde, apostó todo a la liberalización comercial, a la expansión de las exportaciones y al crecimiento del empleo derivado de ello. Se olvidó de su mercado interno, de expandir sus relaciones comerciales más allá de la frontera norte y se dedicó de tiempo completo a ser el flamante segundo socio comercial de Estados Unidos a la luz de las reglas del tratado.

Para qué mirar hacia dentro en plena aceleración de la globalización. En principio, podría tener lógica la apuesta, si consideramos que en 2012 el comercio trilateral derivado del TLCAN alcanzó $1,056 mil millones de dólares, pero se olvidó del algo: los pactos comerciales, son sólo eso, pactos que como tal son susceptibles de transformarse en función de los intereses del más fuerte.

México decidió poner la estabilidad de su economía en manos ajenas, de acuerdo con cifras de su Secretaría de Economía en lo que va de 2016 el valor total de las exportaciones que ha realizado corresponde a 273,638 millones de dólares, de los cuales 221,980 derivan de su relación comercial con Estados Unidos y 7,808 con Canadá, es decir, del TLCAN. Esto se traduce en un hecho contundente, cerca del 84% de las exportaciones mexicanas y los empleos asociados a éstas dependen de la vigencia y términos actuales del TLCAN.

Hoy, se exploran escenarios para dar respuesta a una realidad que México construyó a lo largo de décadas, mucho antes de que el magnate republicano ganara la contienda por la presidencia de Estados Unidos.

Gabriela Benítez / gb@holatn.com


Este post fue útil?:

0 votes, 0 avg. rating

Compartir:

Hola TN

Déjenos su comentario