¿Engordamos más comiendo rápido?

Científicos de la Universidad de Atenas (Grecia) demostraron en un estudio reciente que comer rápido, en comparación con hacerlo lentamente, reduce la segregación de unas hormonas en el intestino que provocan la sensación de estar “lleno”. La reducción de dichas hormonas nos llevaría a comer en exceso y, por lo tanto, a engordar.

En el experimento llevado a cabo por Alexander Kokkinos y sus colegas del Hospital General de Laiko, una serie de individuos tomaron cantidades idénticas (300 mililitros) de un mismo helado a diferentes velocidades. Los científicos tomaron después muestras de sangre de todos los participantes en la prueba, descubriendo que quienes habían comido más despacio presentaban concentraciones más altas de reductores intestinales del apetito. En concreto, cuando se ingería el helado en treinta minutos en vez de en cinco, las concentraciones de los péptidos intestinales GLP1 y PYY era mayor, razón por la cual la sensación de saciedad se presentaba antes.

Según los investigadores, estos resultados ayudan a explicar cómo el estilo de vida actual, con su ritmo acelerado, podría estar influyendo en el exceso de comida que consumimos.

El relax nos predispone a gastar más

Una investigación realizada por científicos de las universidades de Singapur, Columbia y Hong Kong revela que cuando nos relajamos aumenta hasta un 10% el precio que estamos dispuestos a pagar por un producto.

En seis experimentos que implicaban a 670 participantes, los investigadores demostraron que los sujetos que tienen una experiencia placentera y relajante tienden a dar un valor económico más alto a productos como una cámara de fotos digital, un tratamiento de spa o un helado que quienes experimentan el mismo nivel de placer pero sin la sensación de relax. Según Michel Tuan Pham, coautor de la investigación, existe una reacción psicológica a la biología de la relajación: el cuerpo “considera que no hay amenaza en el entorno, y como resultado percibimos las cosas como más deseables que en otros estados”. Pham asegura que este fenómeno debe ser tenido en cuenta por los consumidores, ya que el nivel de relajación afecta a la hora de tomar de decisiones económicas.

Por otra parte, según concluyen Pham y sus colegas en un artículo que se publica en el próximo número de la revista Journal of Marketing Research, cuando nos relajamos pensamos que los productos son más valiosos porque tendemos a evaluarlos desde un punto de vista más abstracto, y eso nos predispone a pagar más. Por ejemplo, en el caso de la cámara digital, un sujeto relajado apreciara más que la cámara de fotos le permitirá conservar recuerdos, mientras que un individuo no relajado se centrará en valorar las características técnicas objetivas del dispositivo, como el número de megapíxeles o la velocidad de disparo.

Somos donde comemos

Según un estudio estadounidense, la concentración de establecimientos de comida rápida contribuye a una alimentación menos saludable por parte de los adolescentes. En los barrios donde la presencia de este tipo de establecimientos es mayor, la preferencia por la comida basura se incrementa.

El estudio, realizado por el Centro de Investigación de Política de Salud de la Universidad de UCLA, California (EEUU), revela que en dicho estado tres cuartos de los adolescentes viven o van a la escuela en barrios que están abarrotados de restaurantes de comida rápida y otros establecimientos donde se vende comida poco saludable. Los resultados confirman que, fuera de toda dura y sorpresa, a los adolescentes de estos barrios les gusta más beber refrescos carbonatados y la comida basura que a los demás.

Susan Babey, coautora del estudio, resumía las conclusiones del mismo: “Eres lo que comes. Eres, también, donde comes”. “Si vives en un sitio donde hay un restaurante de comida rápida o similar en cada bloque, con escasas alternativas saludables, preferirás la comida basura”, expresaba Babey.

Los adolescentes de los barrios menos saludables eran, según la estadística, un 17 por ciento más favorables a beber refrescos cada día y un 18 por ciento a comer comida rápida un par de veces en semana que en los barrios “más saludables”, generalmente de un mayor poder adquisitivo. La investigación ha encontrado relación directa entre el consumo de estos alimentos y el exceso de calorías, que puede contribuir a la diabetes y la obesidad.

Las conclusiones de este estudio no pueden dejar de ser críticas, por tanto, con la reducción del número de restaurantes o establecimientos tradicionales en favor de las cadenas de comida rápida y la tendencia negativa que esta presencia tiene sobre los adolescentes y sus conductas alimentarias. Según palabras de Babey, queda demostrado que “la planificación urbanística tiene un impacto real sobre la salud, la calidad de vida”.


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