¿Sabía usted que Baldor era cubano?

Baldor no es el árabe de la portada. La mayoría de latinoamericanos conoce su obra, pero pocos su vida.

Este libro de álgebra es famoso entre muchos adolescentes latinoamericanos que estudian en secundaria y diversificado.

Pero el personaje del turbante rojo no es Baldor, sino Abu Abdallah Muammad ibn Musa al-Khwarizmi, o Al-Juarismi, un matemático persa cuyo nombre latinizado es Algoritmi y que, a su vez, es la raíz de la palabra algoritmo, un proceso de cálculo que emplean motores de búsqueda como Google o en el que se basa el sistema de Facebook.

Baldor, en cambio, es el autor de ese grueso texto de ejercicios y teoría matemática que tortura a muchos y que fascina a otros.

Su nombre completo era Aurelio Ángel Baldor de la Vega, un abogado cubano que se graduó de la Universidad de La Habana y que lleva 38 años de fallecido. Está enterrado en el cementerio Miami Memorial Park, donde aún se lee una placa que dice: “No te olvidamos, tu esposa e hijos”. De ahí, su vida está prácticamente en el anonimato, solo recordado por su libro, pero mal relacionado con el árabe de la portada.

Baldor, nacido en la capital de Cuba el 22 de octubre de 1906, tuvo una carrera profesional tan compleja como los problemas que expone en su obra. Aunque era un experto en leyes, ejerció como maestro. Por supuesto, también le encantaban los números. Sus biógrafos lo denominan “sabio y emprendedor pedagogo cubano”.

Se le describe como un señorón de 1.95 m de estatura, piel morena, rostro apacible, cejas arqueadas, frente amplia y cabello de ondas caribeñas que domaba hacia atrás con gelatina.

Lo más increíble es que nunca se hizo rico por la venta de sus libros. Ni él ni su familia.

Sus obras fueron el Álgebra y la Aritmética, publicadas por primera vez hace 75 años en La Habana (1941) y empezaron a utilizarse en el Colegio Academia Baldor, una prestigiosa institución educativa de su propiedad que funcionó en El Vedado hasta antes de la Revolución que encabezaron los hermanos Fidel y Raúl Castro, el Ché Guevara y Camilo Cienfuegos, entre otros.

De hecho, aquellos turbulentos sucesos de 1959 fueron los que hicieron que Baldor y su familia abandonaran la Isla. Sus libros, sin embargo, fueron reeditados por el régimen, algunas veces quitando el crédito de su autor.

Mientras vivió en Cuba fue altamente respetado y reconocido por su laboriosidad. Incluso, fue testigo de los dolores de cabeza que ocasionó a sus estudiantes con los ejercicios algebraicos, los cuales ya tenía listos en sus últimos años de soltería.

De su vida personal se sabe que era aficionado al béisbol y al boxeo. También fue admirador de José Martí, a quien usualmente citaba, conocía y estudiaba, muchas veces acompañado de un cigarro, una mala costumbre que le hizo desarrollar un enfisema pulmonar que le costó la vida.

Su nobleza también le hizo ganar simpatía entre los cubanos, pues muchas veces entregó becas completas a niños de escasos recursos.

Cambios en la Isla

La época pre castrista fue la mejor para los Baldor, pero todo se empezó a desmoronar a partir de 1959, cuando Fidel y compañía tomaron el poder de Cuba luego de derrocar a Fulgencio Batista.

Para entonces, los líderes revolucionarios trataron de “depurar” a Baldor. Incluso, Fidel lo visitó una vez para convencerlo de su Revolución, pero lo que se llevó fue una negativa.

Se dice también que Raúl lo mandó a apresar, pero que el coronel Ramón Barquín López medió para protegerlo. Al menos esa fue la versión que Daniel Baldor, uno de sus hijos, brindó a la revista Diners en el 2000.

En la publicación también se dijo que Camilo Cienfuegos impidió el arresto, ya que era su admirador. Cienfuegos, sin embargo, falleció en septiembre de 1959, por lo que Baldor quedó solo.

Por ello, la primera acción que tomó fue vender los derechos de sus libros a la editorial mexicana Publicaciones Culturales. El dinero lo empleó para huir con su familia, el 19 de julio de 1960.

En abril del siguiente año, la Revolución confiscó el colegio.

El exilio

La primera parada fue México, donde estuvo solo dos semanas. De ahí, con su parentela, se mudó a Nueva Orleáns, Luisiana, pero se instaló definitivamente en Brooklyn, Nueva York, donde llegó el último día de 1960.

Trabajó en el St. Peter’s College de Nueva Jersey y, al retirarse, se mudó a Miami, Florida, con Moraima Aranalde, con quien contrajo nupcias en 1940.

Allá evitó asistir a cualquier tipo de evento social o que tuviera que ver con el exilio cubano, pues prefería que su imagen no fuera relacionada con política.

El 3 de abril de 1978 falleció debido al cáncer producido por su afición al cigarro.

El libro

Hoy, en internet circulan varios memes que hacen alusión al libro de Baldor. Entre los ingeniosos está ese que dice: “Me gustaría que saliera la película de Baldor, nada más para ver si alguien se atreve a decir que le gustó más el libro”.

Otro menciona que el personaje de la portada es “el primer terrorista” que se conoce en la vida. De hecho, algunas versiones afirman que la tapa actual del libro tiene reducida la imagen del persa al-Juarismi para evitar asociaciones con el extremismo islámico. En una entrevista, un directivo del Grupo Editorial Patria, que tiene los derechos de la obra de Baldor, admite que se consideró el tema, pero que la decisión final del cambio no fue por ese motivo.

Otro meme es el que dice: “Otro día más sin usar el trinomio cuadrado perfecto”. Bueno, quizás no se emplee como tal en la rutina diaria, pero lo cierto es que el mundo es matemático y por eso hay que tratar de entender el álgebra. Sin ella no habría ni Google, ni Facebook, ni computadoras, ni celulares, ni televisión, solo por mencionar unos escasísimos ejemplos.

“El álgebra no es para torturar a los adolescentes; es para que descubran su entorno”, refiere Margarita Rodríguez, profesora de esa materia en una prestigiosa institución educativa.

“Mientras más matemática sepa un pueblo, menos manipulable será”, sentencia el ingeniero José Mérida.

Revista D


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